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El autobús VII

Saturday, August 9th, 2008

Las seis y media y sigo clavado en la puerta de la cafetería esperando a la chica del teléfono móvil… cuando finalmente logro darme por vencido de que ya no va a venir, entro a tomar un café.

Siempre me ha gustado el café sólo y sin azúcar, cada sorbo, tan amargo como la vida, es un entrenamiento para cualquier situación que mañana me pueda tocar vivir. Termino el café rápido, contrariamente a lo lento que se me ha hecho esperar a la chica en la puerta, realmente tengo todo el tiempo del mundo, pues no me apetece volver a casa, así que, tras pagar decido ir a caminar por el parque, con la intención de distraer la mente.

Paseo sin prisas, queriendo prestar atención a cada detalle, queriendo parar el tiempo para poder darme cuenta de que realmente es bonito todo lo que me rodea, luchando contra la desgana que origina la cotidianidad de mi vida. El recorrido es largo y circular, y yo camino despacio. El reloj avanza más deprisa que todo lo que me rodea, hace un poco de frio para la temporada que es, y sólo algunas parejas mayores pasean, también encuentro a algunos adolescentes que se apiñan y dan voces en torno a un banco que no usan para sentarse.

Poco a poco la noche ha ido ganándole la partida al día, la luna ha salido y radia brillante en un cielo con algunas nubes. En el parque ya no queda más que algún gato que maúlla con autoridad, yo también me alejo con destino a algún bar donde pueda quemar mi garganta bebiendo whisky.

Me siento en la barra, y pido a la camarera que me sirve y me cobra totalmente concentrada en su trabajo, sin distraerse ni un instante en la persona a la que atiende. El sabor seco de la bebida y el calor de ésta bajando por la garganta son agradables, contrariamente al impacto que produce en el estómago en ayunas, me apetecería cenar algo.

En el bar, algunos grupos de hombres cansados y gastados toman algo en la barra, parejas y grupos de amigos más jóvenes ocupan las mesas, la camarera sigue yendo y viniendo en su trabajo, sin prestar una atención especial a nada ni a nadie.

Por la puerta entra una nueva pareja, un chico acompañado de su chica: la chica que no ha salido últimamente de mí cabeza y a la que llevas esperando toda la tarde ¡Qué desastre! Es tal y como la tengo grabada en mi memoria; su mirada, tan dulce que al cruzarse con la mía me deja un sabor almibarado en el paladar, mientras ella se mueve nada en el resto del bar existe, todo se haya pausado…

Se sientan en una mesa libre, piden sendas bebidas a la camarera y, mientras dialogan, se dedican caricias, miradas y algún que otro beso, sin poner demasiada pasión en lo que hacen. Un extraño sentimiento me recorre el cuerpo en cada sorbo de mi bebida.
El tiempo pasa para el resto de las personas del bar, pero me encuentro anclado sobre mi taburete, y sin ninguna intención de levantarme continúo observando el ir y venir de diferentes gentes que entran y salen del bar. El novio de la chica del autobús altera el monótono abrirse y cerrarse de la puerta del pub, marchándose y dejándola a ella allí sentada.

Sus labios están quebrados y el brillo de sus ojos ha mudado a un tono de tristeza, me he puesto de pie y he comenzado a caminar hacia su mesa, es tarde para parase a pensar.

La saludo, le pido permiso para sentarme y conversamos entre chaladuras que dibujan una fina sonrisa en su cara y crean un clima de confianza. Mientras, mis ojos recorren su cara memorizándola, descubriéndole fallos, que no la hacen perfecta, pero sí aún más bonita.

Entre las risas se acerca inocentemente a mi cara y le beso. Ella se aparta. Siente deseo de seguir besándote, pero piensa sobre su infidelidad. Es hora de arriesgar algo en la vida. Se acerca para seguir besándote. La pasión gana la batalla a todos sus rivales y es el momento de salir del bar. Camináis en dirección al piso, parando a grabar escenas de largos besos en esquinas de la ciudad, hasta ahora insignificativas y que se convertirán en escenarios de un bonito recuerdo. El portal. El ascensor. Abres la puerta y la intimidad se rinde ante los dos, las ropas que lleváis también se rinden ante vuestras manos y comienzan a caer esparcidas en el pasillo de camino al dormitorio. La dejas caer con la justa violencia sobre la cama y recorres su cuerpo con tus besos, ella parece totalmente rendida. Hacéis el amor. Tus caricias la invitan a dormir, sabiendo que hoy es la dueña del mundo…

Cuando despierto ella ya no está. Su figura aún se adivina sobre las sábanas, pero sus ropas ya han sido recogidas y sólo un pequeño papel doblado sobre la mesita de noche altera el paisaje que comúnmente ofrece tu habitación. No necesitas abrirlo, sabes que ha vuelto a desaparecer y tienes la certeza de que esta vez es para siempre.

El autobús VI

Saturday, May 10th, 2008

Por fin! Si… Eso es lo que piensas al colgar el teléfono… Ya era hora! Mañana vas a recuperar ese objeto que tantos quebraderos de cabeza te estaba dando estos días… Nunca te habías parado a pensar la dependencia que tenías de un simple móvil… De tu móvil, al fin y al cabo.

Volviste a la mesa con una sonrisa de oreja a oreja… Tu padre no pudo evitar preguntarte a qué venía tanta felicidad. “Vaya, vaya… Te ha dicho Álex ya que llegaba a las seis? Por lo que veo sí… Quieres que te acompañe al aeropuerto a recogerlo?” Lo miraste sorprendida y respondiste sin pensarlo: “Mierda… Es verdad, mañana viene Álex! Lo había olvidado…” Te dirigiste otra vez al teléfono sin dar ninguna explicación… Tus padres se miraron absortos… No entendían nada… Deberías alegrarte de la llegada de tu novio y sin embargo parecías frustrada.

Marcaste el número de tu móvil. Tenías que cancelar inmediatamente esa cita! Tenías tantas ganas de ver a tu chico que el dichoso móvil podría esperar un poco más… Pero de todas formas tenías que avisarle al chico que te lo guardaba de que mañana no podrías quedar a la hora indicada, que si eso ya pasarías tu por su casa para recogerlo si te facilitaba la dirección… Salió el buzón de voz y te viste obligada a dejarle un mensaje… No te hacía ninguna gracia, pero era la única forma que tenías de avisarlo y, aún así, nada segura…

Terminaste por fin la comida mientras le explicabas a tus padres la actitud de antes… Y os pusistéis a hablar de mil cosas más… El móvil desapareció de tu mente ante la emoción de la inminente llegada de Álex.

El autobús V

Tuesday, April 22nd, 2008

— ¿Sí?
— Buenas noches, creo que has perdido tu teléfono en el autobús y lo tengo yo.
— ¡Sí!
— Puedo devolvértelo mañana mismo.
— ¿De verdad?
— Por supuesto.
— ¡Muchísimas gracias!
— ¿Te parece bien a las seis y media?
— Sí.
— ¿En la cafetería Jandía?
— De acuerdo.
— A las seis y media en la cafetería, hasta mañana.
— ¡Muchísimas gracias, no sé como agradecértelo! ¡Hasta mañana!

Qué voz más dulce…

Después de estar esquivando responder al teléfono durante toda la tarde y de pensar antes cada palabra que diría, decidí llamar para devolver el teléfono a su dueño. Estaba haciendo un mundo de algo tan fácil como devolver un teléfono móvil, aquel día todo se estaba envolviendo de una interesante neblina de misterio.

Dí más vueltas de lo normal en la cama antes de dormir y apenas descansé, durante toda la noche aquella voz tan dulce no paró de resonar en mi cabeza, que no se resistió a jugar a inventar sueños bonitos, que al despertar no llegué a recordar con exactitud.

A las siete y media sonó el despertador. Lo apagué y me levanté de golpe, directo al baño y a la ducha. Me vestí, dudé si ponerme mangas cortas o largas, me decanté por las cortas y me puse las lentillas. Sin desayunar salí a la calle, hacía un poco de frío porque aún era temprano, pero haría un buen día, llegué a la parada de autobús y esperé de pié.

Llegó el autobús, pagué mi billete, me senté en uno de los últimos asientos y rápidamente me quedé dormido hasta el final del trayecto.

De camino al trabajo el sol ya calentaba las calles, por donde las personas caminabamos con ideas fijas de hacia donde queríamos ir. Compré el café y subí a al oficina aún vacía. Leí el periódico mientras calentaba mis manos con el vaso de café, respondí los emails y organizé las tareas para el día por orden de prioridad. Rápidamente dieron las tres, recogí mis cosas, cogí una piruleta y me marché.

Cansado deshice el camino desde la oficina hasta la parada de autobús y volví a casa. Preparé algo para comer, pusé la mesa, lo devoré, recogí y me tumbé a descansar mientras la tele cuchicheaba de fondo con la alarma del reloj a las seis.

El autobús IV

Friday, April 18th, 2008

Has llamado tres veces a tu móvil y nadie ha respondido… Empiezas a desesperarte y no sabes muy bien porqué. En realidad no tendrías porqué montar tanto rollo por un simple móvil, pero te fastidia haberlo perdido… Vuelves a intentarlo por última vez aunque sabes que nadie va a responder… Así que nada, cuelgas el teléfono y te vas a casa, cargada con todas esas cosas que te habían encargado…

Se lo comentas a tu hermana, que inmediatamente te dice que no es nada, que a cualquiera le podría haber pasado y que mañana sin falta va contigo a comprarte uno nuevo… Pero aún así tú sigues en tus trece de recuperarlo… Hay algo dentro de ti que te dice que no se ha quedado tirado en algún sitio, que alguien lo ha cogido, aunque sea el conductor del autobús…

Y vuelves a llamar a tu móvil, esta vez desde el número de casa… Un tono, dos, tres, cuatro… Comunica… Comunica?? Entonces… Eso significa que alguien lo tiene, pero que no quiere cogerte! Pero, por qué?? Si sólo es un móvil… Sí, pero si sólo es un móvil… para qué insistes tanto?

Te vas a cenar pensando aún en el dichoso móvil… No consigues hacerlo desaparecer de tu mente… Y te pasas toda la cena ensimismada… Pensando en terminar pronto para volver a llamar… Suena el teléfono! Os sorprendéis todos… Nunca suelen llamar a la hora de la cena… Tu madre descuelga y tras unos segundos te llama… Quién será??

El autobús III

Monday, April 14th, 2008

Dejándome vencer por el cansancio apoyo la cabeza sobre el cristal de la ventana, sin miedo a quedarme dormido, mi parada es la penúltima. Es un autobús viejo, los asientos están pintados, arañados y sucios; cierro los ojos. Los motores del autobus no me impiden ir entrando en un estado de semi inconsciencia mientras saboreo el dulce recuerdo de la chica. Noto vibrar el cristal y mi cabeza, también vibran los asientos y mis piernas, el leve traqueteo del autobús es una invitación a rendirse al sueño. De fondo escucho el sonido del timbre cada vez que alguien va a bajar, seguidamente una ligera brisa entra al autobus chocando en mi cara, señal inequivoca de que se han abierto las puertas.

Ya no queda ningún otro pasajero en el autobús, me levanto y toco el timbre. El chofer abre las puertas, me despido, corresponde al saludo y bajo a la acera. Tengo ganas de llegar a casa.

— Espera, te olvidas esto.

Me doy la vuelta y el conductor deposita en mi mano un teléfono móvil.

— Adiós — Se vuelve a despedir el conductor mientras cierra la puerta.

Rápidamente me percato de lo que ha sucedido, grito al autoboús, pero sé que es demasiado tarde para que me escuche y mi voz se pierde con el ruido de los coches; con el móvil en la mano inicio el camino hacia casa.

El sol calienta agradáblemente mi cuerpo mientras camino, es la hora del almuerzo y la calle está vacía. Al llegar al portal busco las llaves en el bolsillo y abro la puerta, subo por las escaleras con las llaves tintineando en mi mano y abro la puerta de casa.