Báilame el agua

September 1st, 2008 by Suvi
Báilame el agua.
Úntame de amor y otras fragancias de su jardín secreto.
Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor.
Sácame de quicio.
Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azucar. Sin aliento.

Daniel Valdés

Ciencia y fe

August 15th, 2008 by Suvi
La ciencia llega hasta donde llega y después interviene Dios.

Diario de Noah

El autobús VII

August 9th, 2008 by Suvi

Las seis y media y sigo clavado en la puerta de la cafetería esperando a la chica del teléfono móvil… cuando finalmente logro darme por vencido de que ya no va a venir, entro a tomar un café.

Siempre me ha gustado el café sólo y sin azúcar, cada sorbo, tan amargo como la vida, es un entrenamiento para cualquier situación que mañana me pueda tocar vivir. Termino el café rápido, contrariamente a lo lento que se me ha hecho esperar a la chica en la puerta, realmente tengo todo el tiempo del mundo, pues no me apetece volver a casa, así que, tras pagar decido ir a caminar por el parque, con la intención de distraer la mente.

Paseo sin prisas, queriendo prestar atención a cada detalle, queriendo parar el tiempo para poder darme cuenta de que realmente es bonito todo lo que me rodea, luchando contra la desgana que origina la cotidianidad de mi vida. El recorrido es largo y circular, y yo camino despacio. El reloj avanza más deprisa que todo lo que me rodea, hace un poco de frio para la temporada que es, y sólo algunas parejas mayores pasean, también encuentro a algunos adolescentes que se apiñan y dan voces en torno a un banco que no usan para sentarse.

Poco a poco la noche ha ido ganándole la partida al día, la luna ha salido y radia brillante en un cielo con algunas nubes. En el parque ya no queda más que algún gato que maúlla con autoridad, yo también me alejo con destino a algún bar donde pueda quemar mi garganta bebiendo whisky.

Me siento en la barra, y pido a la camarera que me sirve y me cobra totalmente concentrada en su trabajo, sin distraerse ni un instante en la persona a la que atiende. El sabor seco de la bebida y el calor de ésta bajando por la garganta son agradables, contrariamente al impacto que produce en el estómago en ayunas, me apetecería cenar algo.

En el bar, algunos grupos de hombres cansados y gastados toman algo en la barra, parejas y grupos de amigos más jóvenes ocupan las mesas, la camarera sigue yendo y viniendo en su trabajo, sin prestar una atención especial a nada ni a nadie.

Por la puerta entra una nueva pareja, un chico acompañado de su chica: la chica que no ha salido últimamente de mí cabeza y a la que llevas esperando toda la tarde ¡Qué desastre! Es tal y como la tengo grabada en mi memoria; su mirada, tan dulce que al cruzarse con la mía me deja un sabor almibarado en el paladar, mientras ella se mueve nada en el resto del bar existe, todo se haya pausado…

Se sientan en una mesa libre, piden sendas bebidas a la camarera y, mientras dialogan, se dedican caricias, miradas y algún que otro beso, sin poner demasiada pasión en lo que hacen. Un extraño sentimiento me recorre el cuerpo en cada sorbo de mi bebida.
El tiempo pasa para el resto de las personas del bar, pero me encuentro anclado sobre mi taburete, y sin ninguna intención de levantarme continúo observando el ir y venir de diferentes gentes que entran y salen del bar. El novio de la chica del autobús altera el monótono abrirse y cerrarse de la puerta del pub, marchándose y dejándola a ella allí sentada.

Sus labios están quebrados y el brillo de sus ojos ha mudado a un tono de tristeza, me he puesto de pie y he comenzado a caminar hacia su mesa, es tarde para parase a pensar.

La saludo, le pido permiso para sentarme y conversamos entre chaladuras que dibujan una fina sonrisa en su cara y crean un clima de confianza. Mientras, mis ojos recorren su cara memorizándola, descubriéndole fallos, que no la hacen perfecta, pero sí aún más bonita.

Entre las risas se acerca inocentemente a mi cara y le beso. Ella se aparta. Siente deseo de seguir besándote, pero piensa sobre su infidelidad. Es hora de arriesgar algo en la vida. Se acerca para seguir besándote. La pasión gana la batalla a todos sus rivales y es el momento de salir del bar. Camináis en dirección al piso, parando a grabar escenas de largos besos en esquinas de la ciudad, hasta ahora insignificativas y que se convertirán en escenarios de un bonito recuerdo. El portal. El ascensor. Abres la puerta y la intimidad se rinde ante los dos, las ropas que lleváis también se rinden ante vuestras manos y comienzan a caer esparcidas en el pasillo de camino al dormitorio. La dejas caer con la justa violencia sobre la cama y recorres su cuerpo con tus besos, ella parece totalmente rendida. Hacéis el amor. Tus caricias la invitan a dormir, sabiendo que hoy es la dueña del mundo…

Cuando despierto ella ya no está. Su figura aún se adivina sobre las sábanas, pero sus ropas ya han sido recogidas y sólo un pequeño papel doblado sobre la mesita de noche altera el paisaje que comúnmente ofrece tu habitación. No necesitas abrirlo, sabes que ha vuelto a desaparecer y tienes la certeza de que esta vez es para siempre.

Reconciliación

July 28th, 2008 by Suvi
Por eso yo la voy a seducir,
la llevaré al desierto
y allí le hablaré a su corazón
y ella me responderá como en los días de su juventud.

Oseas

Descosido núm 8

July 8th, 2008 by Suvi

A pesar de lo liviano del peso de una hoja, qué difícil es pasar página.

Descosido núm. 7

June 29th, 2008 by Suvi

La vida reparte injusticia sin mirar a quien ni porqué.

Descosido núm. 6

June 26th, 2008 by Suvi

Me he hecho mayor y no me he dado cuenta.

El perfume

June 25th, 2008 by Suvi

Cuando me vaya de aquí, porque algún día me iré, solo echaré de menos el olor entremezclado de por las noches a jazmín y dama de noche.

El parque

June 20th, 2008 by Suvi

En el banco del parque, un grupo de chicas y chicos jóvenes extienden, entre risas, una alfombra de cáscaras de pipas sobre el suelo de albero. Dos ancianos permanecen callados en un banco más lejos, sin necesidad de hablar para decirse nada el uno al otro. Una pareja de adolescentes se besan, más pendientes de no encontrarse a nadie conocido que de lo que están haciendo. Un niño y una niña pequeños juegan en la arena creando mundos de fantasía donde aún existe el amor, mientras sus padres y madres, conversan sosteniendo sus respectivos carritos con cuatro felices sonrisas.

El Principito

June 20th, 2008 by Suvi
De este modo, el principito, a pesar de la buena voluntad de su amor, pronto dudó de ella. Había tomado en serio palabras sin importancia y se sentía muy desgraciado.

«No debí haberla escuchado —me confió un día—; nunca hay que escuchar a las flores. Hay que mirarlas y aspirar su aroma. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no podía gozar con ello. La historia de las garras, que tanto me había fastidiado, debe de haberme enternecido…»

Y me confio aún:

«No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.»