Será la costumbre…
November 4th, 2009 by SuviSerá la costumbre de hablarte antes de dormir hasta que me mandas callar.
Será la costumbre de hablarte antes de dormir hasta que me mandas callar.
Érase una vez una mujer pirata; sí, una mujer pirata, porque las mujeres piratas también tienen cuentos de piratas, aunque nunca se hayan contado.
La mujer pirata tenía un barco con una gran vela y muchos cañones.
Le gustaba mucho ser una pirata y siempre estaba haciendo cosas de piratas: abordaba a otros barcos y asaltaba a los pequeños pueblos de la costa; después, buscaba alguna isla perdida donde escondía su botín; dibujaba el mapa del tesoro de donde lo había escondido y se marchaba.
Cuando disparaba a otros barcos, sus cañones rugían tanto que toda la tripulación, asustada, saltaba al mar, preferiblemente a encontrarse con una pesada bola de cañón.
Cuando llegaba a los pequeños pueblos de la costa, eran tantas las historias que se contaban de ella y era tan temida que todos los habitantes huían de sus casas a esconderse en las montañas.
Una tarde de verano llegó con su barco a un pequeño pueblo de la costa muy, muy raro ¡aquello ni siquiera parecía un pueblo!
La mujer pirata nunca había podido ver a la gente muy de cerca, porque todo el mundo siempre salía corriendo antes de que le diera tiempo a acercarse, pero estaba segura de que la gente de allí no era gente normal. Todos los habitantes eran muy diferentes unos de otros, sólo había un detalle que los hacía iguales: todos estaban sonriendo.
Todo el mundo le saludaba, diciéndole “buenas tardes” y sonriéndole aún más. Una niña que llegó corriendo se agarró a su pierna y le preguntó:
― ¿Quieres jugar conmigo?
La mujer pirata se quedó sorprendida porque nunca antes había jugado con nadie y, mucho menos nunca antes nadie le había pedido que jugara con ella. Empezó a sentir mucho miedo por todo el cuerpo pero, como las piratas no tienen miedo, se armó de valor y le propuso a la niña jugar a los piratas.
― Yo no quiero jugar a los piratas: ¡los piratas son muy malos!
La mujer pirata sintió un profundo dolor en su corazón, porque ella no se consideraba mala, pero por su cabeza pasaron muchas personas a las que sí había hecho mucho mal. Se dio cuenta de que realmente no le gustaba jugar a los piratas, pero no sabía jugar a otra cosa: toda su vida había sido una pirata.
La niña, al verla tan triste, la cogió de la mano y la llevo a jugar con los demás para que se alegrara y aprendiera que existen muchísimos más juegos.
Aquella niña enseñó a la mujer pirata que el mayor tesoro se encuentra en el corazón de los demás.
La mujer pirata sigue recorriendo el mundo con su barco, pero ya no aborda a otros barcos ni asalta a los pequeños pueblos de la costa; ahora siempre va sonriendo y, cuando ve a alguien triste, se acerca y le pregunta si quiere jugar con ella.
Ilustraciones: Rocío González Pérez.
En mi habitación hay un duende azul. Los duendes azules salen de su escondite en cuanto te metes en la cama, no esperan siquiera a que estés dormido. Se dedican a molestarte mientras intentas quedarte dormido: te susurran al oído cosas que has dejado sin hacer o cosas que tienes que hacer mañana, hacen que sientas calor, que no encuentres una postura cómoda… Si lograra encontrar a este duende azul podría dormir.
Un abrazo,
que no llega através de los cables.
Un abrazo,
que caliente mi cuerpo.
Un abrazo,
que lave mis lagrimas.
Un abrazo,
que lleve escrito un tequiero.
Un abrazo,
que de paz a mi corazón.
Para ti, para cuando no puedes dormir, para que pienses en mi:
Dormir tendría que ser cerrar los ojos. Cerrar los ojos y quedarse dormida, así habría de ser, qué carajo. Quedarse dormida sin tanto buscar una postura para que no duelan las caderas. Qué duro está esto. Y cómo ha de estar un petate de crin de caballo apelmazado de tanto uso, recontra. Y los ojos como platos.
La voz dormida. Dulce Chacón.
Quiero tocar cada uno de tus sentimientos
y desnudarte de ellos hasta lo más íntimo:
que sientas mucha verguenza,
hasta que entiendas que esa verguenza es amor.
Contigo. A solas. Paseando. Resfriándonos. Corriendo. Chapoteando. Bailando. Besándonos. Abrazándonos. Mojándonos.
(De or. inc.).
1. adj. coloq. Que gusta por su simpatía, belleza u otra cualidad.
2. adj. coloq. Lindo, hermoso, vistoso.
3. adj. coloq. Ataviado, compuesto, lujoso.
4. adj. p. us. Dicho de una persona: Que en su porte, acciones y vestidos afecta un poco de libertad y guapeza, más propia de la gente ordinaria. U. t. c. s.