Por fin! Si… Eso es lo que piensas al colgar el teléfono… Ya era hora! Mañana vas a recuperar ese objeto que tantos quebraderos de cabeza te estaba dando estos días… Nunca te habías parado a pensar la dependencia que tenías de un simple móvil… De tu móvil, al fin y al cabo.
Volviste a la mesa con una sonrisa de oreja a oreja… Tu padre no pudo evitar preguntarte a qué venía tanta felicidad. “Vaya, vaya… Te ha dicho Álex ya que llegaba a las seis? Por lo que veo sí… Quieres que te acompañe al aeropuerto a recogerlo?” Lo miraste sorprendida y respondiste sin pensarlo: “Mierda… Es verdad, mañana viene Álex! Lo había olvidado…” Te dirigiste otra vez al teléfono sin dar ninguna explicación… Tus padres se miraron absortos… No entendían nada… Deberías alegrarte de la llegada de tu novio y sin embargo parecías frustrada.
Marcaste el número de tu móvil. Tenías que cancelar inmediatamente esa cita! Tenías tantas ganas de ver a tu chico que el dichoso móvil podría esperar un poco más… Pero de todas formas tenías que avisarle al chico que te lo guardaba de que mañana no podrías quedar a la hora indicada, que si eso ya pasarías tu por su casa para recogerlo si te facilitaba la dirección… Salió el buzón de voz y te viste obligada a dejarle un mensaje… No te hacía ninguna gracia, pero era la única forma que tenías de avisarlo y, aún así, nada segura…
Terminaste por fin la comida mientras le explicabas a tus padres la actitud de antes… Y os pusistéis a hablar de mil cosas más… El móvil desapareció de tu mente ante la emoción de la inminente llegada de Álex.