— ¿Sí?
— Buenas noches, creo que has perdido tu teléfono en el autobús y lo tengo yo.
— ¡Sí!
— Puedo devolvértelo mañana mismo.
— ¿De verdad?
— Por supuesto.
— ¡Muchísimas gracias!
— ¿Te parece bien a las seis y media?
— Sí.
— ¿En la cafetería Jandía?
— De acuerdo.
— A las seis y media en la cafetería, hasta mañana.
— ¡Muchísimas gracias, no sé como agradecértelo! ¡Hasta mañana!
Qué voz más dulce…
Después de estar esquivando responder al teléfono durante toda la tarde y de pensar antes cada palabra que diría, decidí llamar para devolver el teléfono a su dueño. Estaba haciendo un mundo de algo tan fácil como devolver un teléfono móvil, aquel día todo se estaba envolviendo de una interesante neblina de misterio.
Dí más vueltas de lo normal en la cama antes de dormir y apenas descansé, durante toda la noche aquella voz tan dulce no paró de resonar en mi cabeza, que no se resistió a jugar a inventar sueños bonitos, que al despertar no llegué a recordar con exactitud.
A las siete y media sonó el despertador. Lo apagué y me levanté de golpe, directo al baño y a la ducha. Me vestí, dudé si ponerme mangas cortas o largas, me decanté por las cortas y me puse las lentillas. Sin desayunar salí a la calle, hacía un poco de frío porque aún era temprano, pero haría un buen día, llegué a la parada de autobús y esperé de pié.
Llegó el autobús, pagué mi billete, me senté en uno de los últimos asientos y rápidamente me quedé dormido hasta el final del trayecto.
De camino al trabajo el sol ya calentaba las calles, por donde las personas caminabamos con ideas fijas de hacia donde queríamos ir. Compré el café y subí a al oficina aún vacía. Leí el periódico mientras calentaba mis manos con el vaso de café, respondí los emails y organizé las tareas para el día por orden de prioridad. Rápidamente dieron las tres, recogí mis cosas, cogí una piruleta y me marché.
Cansado deshice el camino desde la oficina hasta la parada de autobús y volví a casa. Preparé algo para comer, pusé la mesa, lo devoré, recogí y me tumbé a descansar mientras la tele cuchicheaba de fondo con la alarma del reloj a las seis.